Yo he estado en China (I)

Sorprende la primera vez que llegas a China, nada te es reconocible; no es como cuando viajas a New York u otras grandes ciudades que todo te puede sonar de haberlo visto en algunas películas o documentales; de China, todo te es extraño, irreconocible y muy… grande.

Recuerdo la primera vez que llegué al aeropuerto internacional de Beijing (ya en el año 2005), yo un poco más joven y con menos experiencia, pero con la idea (estúpida por mi parte) que mi primer año de estudio del chino aquí me ayudaría en aquel país.

Nada más lejos de la realidad, nadie me entendía, algo tan simple, - y que me había preparado a conciencia-; como preguntar donde estaba la parada de taxis o pedir que me llevaran a mi apartamento en el barrio de Haidian, muy cerca de la Universidad donde iba a seguir mi curso de verano, se convirtieron en mi primer fracaso a la hora comunicarme en aquel país.

En mi desesperación, incluso intenté utilizar el inglés con el taxista; ¿recordáis aquello que nuestros padres y profesores nos decían para motivarnos a la hora de estudiar inglés? Sí, sí, aquello de que con el inglés podrías viajar a cualquier país sin problemas? Eso no vale en China, y menos con los taxistas!! Ahora ha cambiado un poco, ya que a raíz de los juegos Olímpicos del 2008, todos los taxistas de Beijing  realizaron cursos obligatorios de inglés para poder tratar con los turistas, aunque a día de hoy, hay veces que entiendes mejor a los taxistas si hablan en chino antes que si hablan en inglés.

Gracias a que soy muy previsor, llevaba en un papel la dirección completa de mi apartamento escrita en caracteres chinos (hanzi) y conseguí llegar a mi destino; sí, un año estudiando como un loco para acabar señalando un papel escrito en chino a un taxista!!!

 

A pesar de darme cuenta que mi nivel en el idioma no era el que yo me imaginaba, yo seguí intentando entablar conversación con mi conductor (casi una hora de viaje entre el aeropuerto y Haidian dan para mucho sufrimiento) y a pesar que no entendía nada de lo que me decía y preguntaba y estaba claro que él a mí tampoco, era agradable oír como me decía: 你的中文很好¡ ¿Qué mi chino era muy bueno? Ni de coña!!, pero luego me di cuenta que a poco que intentaras hablar en chino (con más o menos destreza) es algo que todos los chinos te dicen: que hablas muy bien chino.

Una vez abandoné mi taxi, o mejor dicho, me abandonó él a mí, se supone que cerca del edificio al que tenía que llegar, me invadió otro sentimiento de impotencia: no estaba seguro dónde estaba y solo podía confiar en aquel amable taxista ya que, a diferencia de otras ciudades (más o menos cosmopolitas), las indicaciones de los nombres de calles, nombres de xiaoqu - 小区; (especie de comunidades de edificios donde además encontramos tiendas, restaurantes, lavanderías y otros negocios de servicios), números de edificios,… están todas en chino (y su transcripción al pinyin), con lo que orientarse es misión imposible; si además le sumamos que estamos en una ciudad de más de 21 millones de habitantes y una extensión 164 veces más grande que Barcelona (16.801 km2) imaginaros lo que es buscar tu apartamento en un xiaoqu con más de 20 edificios todos ellos idénticos. Pero al final, tras muchas vueltas y vueltas con mi cada vez más cansado cuerpo y equipaje, logré encontrar mi edificio.

Ahora solo me faltaba encontrar al dueño para que me diera las llaves y después de más de 20 horas de viaje, poder descansar al fín… Y aquí encontramos otro momento de desesperación; todos los chinos que viven aquí en España, nos acusan de ser totalmente impuntuales (¿qué esperas? Es España! es la frase que más utilizan cuando hablamos especialmente de la impuntualidad de la gente); pues bien, los chinos son  muy puntuales (no son de llegar antes ni después, son de estar a la hora que se ha quedado exactamente), tanto lo son, que como llegué con más de 20 minutos de retraso  (y aún así a mí me pareció poco), mi casero decidió que yo ya no iba a venir y se fue a los 5 minutos de espera, sin tener en cuenta nuestro acuerdo y que cuando viajas desde Lleida a Beijing siempre puede ocurrir algo que te impida llegar a la hora exacta que habías acordado.

Por dios, ¿y ahora que iba a hacer yo? No tenía teléfono (puñeteras compañías y su roaming de tercer nivel), no tenía la dirección de mi casero, no tenía yuanes y cada vez, tenía un sentimiento  de arrepentimiento de haber venido a China.

Mientras barajaba las diferentes posibilidades que tenía, y supongo que viendo la  desesperación en mi cara, empezaron a reunirse a mi alrededor y el de mi equipaje una serie de personas que amablemente (y hablándome como si fuera un niño de 4 años) se interesaban por mi situación y por mi vida en general; otro detalle importante, los chinos aprovechan cualquier oportunidad para chafardear y curiosear ante cualquier hecho extraordinario que ocurra a su alrededor.  De esta forma conseguí, que gracias a todos aquellos chinos y chinas  que a partir de ahora iban a ser mis vecinos, localizaran a mi casero, lo convencieran que no había sido tan grave llegar 20 minutos tarde después de más de 20 horas de haber salido de mi casa, que nuestro acuerdo seguía en pie, que regresara con las llaves, que me invitaran a té y me ayudaran a eliminar aquel sentimiento de desesperación que había ido creciendo en mí a partir del momento justo de abandonar  el avión que me trajo a este país; que, ahora sí, estaba seguro, cada vez me gustaría más.

 

Carlos Marín

https://www.facebook.com/Cmarinmu

 

 

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